MUJERES EN EL OCULTISMO: ALEXANDRA DAVID-NÉEL
Alexandra David-Néel nacida en Saint-Mandé (Val-de-Marne, Francia) el 24 de octubre de 1868, fue una orientalista, cantante de ópera, periodista, exploradora, anarquista, espiritualista, budista y escritora franco-belga.
El padre de Alexandra fue profesor (y militante republicano a raíz de la revolución de 1848), y su madre una mujer católica que quiso para ella una educación religiosa.
Alexandra frecuentó durante toda su infancia y su adolescencia a Élisée Reclus, un importante geógrafo y anarquista francés. Éste la lleva a interesarse por las ideas anarquistas de la época y por las ideas feministas que le inspiraron la publicación de Pour la vie.
Por medio de sus viajes famosos y largas estancias en el Tíbet fue adquiriendo gran conocimiento de los lamas budistas. Alexandra llegó a pasar largos años de enseñanza, y su nervio curioso la motivaba a querer siempre más, elevar su conocimiento.
Alexandra también comenzó sus múltiples escapadas cuando era niña, no muy lejos de su hogar, para terminar décadas después en otros continentes. Para ella la inquietud prioritaria era la búsqueda incesante y la libertad de viajar y conocer otras culturas. Su anhelo de conocimiento le llevó a integrarse a sociedades secretas como los francmasones obteniendo rangos superiores, una hazaña admirable si se toma en cuenta la naturaleza patriarcal que predominaba (y a día de hoy también) en esas agrupaciones.
Además, fue una gran cantante de ópera durante su juventud tempr
Todo ello conllevó un viaje de gran trasfondo filosófico en el que se enfrentó a una austera existencia y a las bestias salvajes que poblaban las montañas de China, convirtiéndose eventualmente en una autoridad en la introducción del tibetano, el sánscrito, el tantra y el austero estilo de vida de los monasterios del Tíbet, cuyo conocimiento era apenas inexistente en Occidente.
En Sikkim (India) recibió una instrucción suprema de parte de los maestros tibetanos, como lo fue el Tummo, la habilidad de concentrar el calor corporal mediante el aliento para soportar las bajas temperaturas a las que hubo de enfrentarse durante su enseñanza.
Otra de sus grandes proezas fue la creación de una tulpa, la cual era un ser creado directamente desde su imaginación, al que dio vida y utilizó como sirviente. Esta práctica es usada a día de hoy por muchos magos y brujas.
Sus aprendizajes quedarían inmortalizados en escritos como Magos y místicos del Tíbet.
Su vida llegó a su fin el 8 de septiembre de 1969, a la longeva edad de 100 años, en Digne-les-Bains (Los Alpes, Francia).






